jueves, 30 de octubre de 2014

Las dos caras de la moneda, parte II

Eres un laberinto lleno de puertas cerradas y la única abierta me lleva hacia afuera.

Eres un juego de escondidillas, en el que no hay reglas claras y la cuenta es confusa; en el que me canso de buscarte y de esperar a que me encuentres.

Eres una ilusión óptica que a veces veo y nunca entiendo. Tus rayas surgen a cada paso que doy y siempre me acerco aunque debo alejarme para no sentir tus uñas de gato que quiere ser tigre.
Eres la trampa en un barco de curso inestable, pues te encuentras en un faro sobre rocas mortales. Y es que eres polizón que dejé fuera capitán.

Eres tú un duende imaginado que me llena de suspiros y lágrimas sin sentido. Que quiero que venga aunque sé que se va y que aquellas veces que está se esconde entre sombras y no me deja acercar. Y entonces al estar no me queda más que desear que se salga y ya me deje en paz, que se vaya y nunca mire atrás.

Porque te tengo ahí delante y las palabras me gritan y lo tengo todo claro. Tus fantasmas se burlan de mí dibujando seres mitológicos en las bibliotecas de mi mente, pero yo sé qué es real y qué no y ni tus ojos chocolate me harán flaquear más porque nunca serás aquel que merezca quedarse.

Disculpe usted mi falta de carácter y mi exceso de palabras. Disculpe usted mis demonios queriendo abrir sus puertas. Disculpe usted mi insistencia de querer ver qué hay detrás de su muro. Disculpe usted que haya tomado su mano y ahora sólo quiera soltarla.


Señor, ¿puede salir de mi casa, por favor?

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