jueves, 30 de octubre de 2014

Las dos caras de la moneda, parte I

Ésta con fecha de 18-06.14.

Eres un laberinto lleno de puertas. Puertas que llevan a la salida, puertas que me llevan de regreso al principio, puertas a otras puertas e incluso hay aquellas que no llevan a ninguna parte.

Eres un juego de escondidillas, en el que no hay reglas claras y la cuenta es confusa; en el que yo no sé si buscarte o esconderme.

Eres una ilusión óptica que a veces entiendo y a veces creo hacerlo. Tus rayas surgen de cada paso que doy y nunca sé si me acerco o si me alejo, si eres un gato grande o un tigre pequeño.
Eres tripulante en un barco de curso inestable, porque te veo en el faro que está lejos y te veo en las rocas que me acechan. Yo ya no sé si eres capitán o estás ahí nada más de polizón.

Eres tú un duende imaginado que me llena de suspiros y lágrimas escondidas. Que no sé si viene o va y se esconde entre las sombras de mi casa. Y entonces al no estar no me queda más que extrañar esa sonrisa diablilla y esas caricias que se cuelan por debajo de sábanas cálidas por el estremecimiento de mi cuerpo con el suyo.

Porque te tengo ahí delante y las palabras se esconden y me juegan bromas. Mis sentimientos se burlan de mí dibujando seres mitológicos en las bibliotecas de mi mente, hasta que no sé qué es real y que no… o hasta que tus ojos chocolate encuentran los míos y entonces la única palabra que se me ocurre decir es “quédate”. Pero no puedo. No puedo y comienzo a balbucear para llenar silencios y espacios futuros.

Disculpe usted mi falta de carácter y mi exceso de palabras. Disculpe usted mis demonios y mis puertas. Disculpe usted que construyo muros de un lado y los tiro del otro. Disculpe usted señor que esté aquí tomando su mano sin querer soltarla.


Señor, ¿le puedo enseñar mi patio?

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