jueves, 16 de enero de 2020

Bésame mucho


Ahí cerca de mi boca, donde habita mi ser, y está mi identidad.

Donde con cada beso te sumerges verdaderamente en mí, en quien yo soy, y navegas por mis recuerdos, ves lo que veo y vives todo lo que he aprendido.
En ese lugar en el que nuestra cercanía te obliga a respirar el mismo aire que yo, a absorber los remanentes de oxígeno que persisten con mi exhalación, y a comprender a partir de ahí la vida que tomo del aire que entra a mis pulmones.

Pegadito a mí, para que sepas qué momentos me estremecen y con qué caricias mis ojos se cierran, y tampoco olvides nunca lo que me hace abrirlos y buscarte para beberte con luz y hacerte de mis pupilas.

Arriba, donde tengas acceso rápido a mi cuello y a las gotas de sudor con sabor a lágrimas que cursen sobre mi piel erizada. Que sepas a través de mi olor y de las arrugas en la comisura de mis labios si viví el día con ternura o con castigo. 

En lo alto, donde la cadencia de mi lengua te hable de lo que me hace suspirar y la forma de mis dientes de lo que me hace reír.
Cerca. Cerca en la boca y unido a mi alma, donde estoy completa y soy yo, para que me reconozcas siempre de entre otras bocas, de otros mundos, de otros besos.  

En ese lugar donde la voz se apaga al chocar con tu garganta y puedes averiguar si mis labios gimen o lloran al clavarles los dientes. Ahí donde está mi dolor escondido y el placer a flor de piel.

Bésame mucho.

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