viernes, 30 de septiembre de 2016

Laberinto a Oscuras

Tus ojos verdes me miraban desde abajo, confundidos y con las cejas arqueadas. –¿Por qué le dices “Ana Laura”? –fueron tus palabras, al no poder comprender la razón por la cual llamaría por su nombre de pila a mi madre, excepto que Ana Laura es realmente tía mía; tú no lo recordabas.

A veces, en las reuniones en las que te tengo en frente, mientras estamos todos hablando de cotidianeidades, me pregunto cuál será tu percepción del momento, si entiendes las anécdotas que contamos o si recuerdas lo que se dijo hace unos minutos.

Al principio, cuando la neblina apenas amenazaba con conquistarte, yendo y viniendo, preguntabas más y era evidente que ya no recordabas bien las cosas. Quisiera saber cómo fue que te diste cuenta de que las luces de tu mente temblaban, o en qué momento pasó; porque ahora te quedas sentada, observando y escuchando, sin preguntar qué está pasando y sin participar, sólo ahí quieta y pareciera que quieres pasar desapercibida.

 “Se apaga mi mamá poco a poco, pero hay mucho amor en su corazón” fue la opinión de mi papá, tu hijo, cuando le conté que pensaste que mi tía Ana Laura era mi mamá. ¿Cuánto tiempo más podrá tu conciencia caminar a paso seguro, antes de que la neblina termine por cubrirlo todo y uno a uno los faros se vayan apagando? En Alicia en el País de las Maravillas, hay un momento en el que se encuentra perdida y le pregunta al Gato Risón por el camino correcto, a lo que éste le responde que para conocer el camino había que saber a dónde se quiere ir. ¿Qué pasaría con Alicia si la alcanzara tu neblina y nunca pudiera definir a dónde se dirige?

No quiero que te apagues. Debes estar aterrada.

De entre los comentarios que repites, está el de que tus hijos no te llaman lo suficiente. Parece un pensamiento prevalente en tu corazón. Pero te amamos tanto, mi Abui. Tus hijos, tus nietos, toda la familia extendida te amamos tanto. Quisiera que ese amor pudiera llegar a tu laberinto y formar cuerdas y barandales, para llevarte a la salida. Tengo miedo de que un día no sea suficiente y de que tu identidad termine por arrodillarse en la oscuridad, sin saber a dónde ir y sin reconocer las mil voces que claman tu presencia.


No sé cómo terminar este texto, quisiera que se me ocurriera una frase inspiradora, cargada de esperanza por lo venidero, pero en mi cabeza sólo están tus ojos verdes, mirándome desde abajo y llenos de confusión. 

No hay comentarios: