Texto escrito al final de algo que nunca se llegó a dar.
Hoy, te escribo
Me cuesta escribir, más a falta de ganas de recordar que a ausencia de inspiración.
Me cuesta escribir hoy, y sin embargo lo hago, porque a pesar del dolor, tu recuerdo me llega aunado a un collage de cariño entrelazado por sonrisas y caricias furtivas, llenas de la esperanza característica de aquellos inocentes que sueñan con un futuro mejor.
Y así, escribo mientras me trago las lágrimas y censuro las palabras que me provoca el hablar contigo con la exigida indiferencia resultante de nuestro inevitable pacto. Me obligo a dirigirme a ti fingiendo una amistad y tranquilidad inexistente y entre cada línea intercambiada entre nosotros me llega el ineludible sabor a ironía y falsedad. Sabor que se ríe de mi dolor mientras se cuela por las grietas ocasionadas en mi sonrisa por el adiós que nos dimos ese día.
Escribo también mientras me empapo con las melodías que me regresan a tus brazos incluso de esta forma imaginaria e intangible. Suenan dulces a pesar de la realidad y las guitarras llegan a mi alma, danzantes con los bajos, acunándome y envolviéndome como recordándome las noches que caí dormida mientras era tu cuerpo el que me arrullaba.
Te escribo hoy y te escribiré un mañana, sea cual sea el que se presente, bueno o malo, en compañía o en soledad, porque pese a todo, hay un foco prendido al final del callejón de nuestra realidad. Y ese foco, cual estrella parpadeante en la lejanía, asoma como un símbolo de esperanza de que al final del camino, todo estará donde debe de estar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario