martes, 26 de agosto de 2008

Ojalá

Ojalá supiera cómo hacer para olvidar ciertas cosas. Es triste llegar a los 18 años y darte cuenta de que cuando te vayas de tu casa, no extrañarás a nadie.
Mi papá está enfermo. No tiene un virus ni una infección; sus pulmones están bien y su corazón late con normalidad; puede moverse como cualquier hombre de su edad y su vista no ha menguado prácticamente nada. Es su mente la que está fallando.
No me refiero a que esté loco, al menos no en el sentido estricto de la palabra. Sin embargo, tiene unas ansias de poder y de control que a mí me están enfermando de verdad. No sonríe casi nunca y no puedo recordar la última vez que me dio un beso, un abrazo, o que me dijo que me quería. Me duele. Me duele en verdad porque tiene un espíritu que alguna vez tuvo que haber sido bello y las pocas veces que sonríe, es como si de repente la capa de presión que nos cubre a la familia entera se disipara un poco por tan sólo unos segundos.
Estaba mirando fotos viejas hace unos días. En ellas se veía un hombre feliz, orgulloso de su hija y de su esposa. Aparece varias veces conmigo en brazos, ya sea acunándome o jugando conmigo. De un tiempo acá mi mamá dejó de poner las fotos en los álbumes, y posteriormente incluso dejó de tomarlas, a excepción de en ocasiones especiales o vacaciones.
Extraño a mi papá juguetón, al que le gustaba escribir como yo, al que amaba los libros, al que me enseñaba matemáticas y al que yo quería desesperadamente que me tomara en cuenta para algo porque en el momento en que lo hacía, me hacía sentir como la niña más feliz del mundo.
Supongo que todo cambió cuando mi mamá enfermó de cáncer. Creo que él piensa que no nos dimos cuenta, mis hermanas y yo… está claro que mi madre sí lo hizo, pero se alejó tanto de nosotros. A mí mamá dejó de besarla y de ponerle atención. En realidad, no sé si mis hermanas se dieron cuenta, estaban muy chicas. Pero yo sí que lo veía. Incluso recuerdo de haberme puesto a rezarle a Dios rogándole que mis papás no se separaran, llorando. Ahora hace mucho que no le pido nada a Dios, ni le agradezco, ni le rezo. No porque no crea en Él, sino porque ya no creo que juntar las manos y pedirle que resuelva mi vida realmente vaya a tener algún efecto que no sea yo sintiéndome como una tonta y levantándome con la cara algo confundida.
Me desvío demasiado de los temas… yo qué sé. Mi relación con ellos está tan rota y tan podrida que dudo realmente que tenga remedio. En este caso lo más inteligente es alejarme de la fuente de la enfermedad, porque no es sano para mí estar en un lugar en el que sólo hallo tensión.
Me entristece mucho que no vaya a extrañarlos… bah, es hora de dormir me parece. Ojalá algún día recupere la inspiración para escribir.

1 comentario:

Unknown dijo...

q bueno que hayas decidido irte de ahi, espero q tengas mucha suerte en el futuro y veras q podras valerte de ti misma pues eres una persona muy inteligente, y estere yo para apoyarte, atte tu mejor amigo