Así fue. Negose tu alba a despuntar una vez más; oculta entre
las llamas de un silencio y un alma cuyo aliento alguna vez fue uno con el mío.
Y para una eternidad te vi morir y dejar tu cuerpo a otro,
grabando profundas líneas negras en latidos cicatrizados que antaño te
perseguían.
Envuelta en mi ceguera quise asir tu color incandescente,
mas tras un segundo infame sentí un matiz desconocido que en un instante supe
ya no era el mío.
Fuiste mariposa y ahora eres oruga; cual estrella te
apagaste, viviendo ahora tu esencia maldita como agujero negro. Cruel,
incomprensible y sin luz. ¿Qué pude hacer más que aferrarme a ti con las uñas y
mirarte hasta no verte más, hasta ver apagarse el brillo de tus ojos?
Te volviste un faro en la distancia, alumbrando el pasado y
dejando un presente lastimado y agrietado por un ente desconocido que ocupa ahora tu cascarón. Una alienígena voluntad que se burla de mí y de tu memoria
sagrada manifestándose poniendo de revés tus antiguas palabras y decretos.
No queda de tu alma angelical más que aquel vestigio que
cual enredadera creció con mi corazón, uniéndose tan fuertemente que ni ese
nuevo ser que habita en ti pudo
arrebatármelo.
Así fue y así es que si cierro los ojos puedo no alcanzarte
a ti sino a tu recuerdo y sentir el peligroso calor de tu faro abrazando la
punta de mis dedos. Así es también que regreso a esta realidad, sin ti mas
atormentada no por tu fantasma sino por tu identidad corpórea, y sigo caminando porque cada vez me dueles menos.


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