Cito parte de un mensaje que recibí hace unos años, por parte de alguien cuya opinión respeto mucho:
"Te voy a contar una historia. En 1982 tuve un novio que para mi representaba todo lo que había soñado: era guapo, tierno, cariñoso, romántico, me llevaba serenata él solo con su guitarra, a veces con sus amigos, me escribía cartas, iba por mi a la escuela, tenía una voz acariciadora y sexi, cuando me besaba yo sentía morir, si me tomaba la mano yo sentía una corriente eléctrica por todo el cuerpo, era un cadete de la Escuela Médico Militar (¡Imagínate! Médico y además de uniforme ¡mmmmmmmm!). Un día, sin ninguna explicación, luego de haberme jurado miles de veces que me amaba, decidió terminar nuestra relación. Me lo dijo una tarde en casa, se tomó 3 minutos para hacerlo y se fue. Lloré por ese amor durante mucho, mucho tiempo. Aún sueño con él a veces. Se casó en 1986 y el día que me enteré, lloré de nuevo. Por él llegué a desear morir, reprobé en la escuela, me convertí en un fantasma de lo que yo era... Han pasado 25 años y aunque amo a Severus y soy feliz a su lado, sigo pensando, y a veces llorando, por aquel amor... Por cierto, hoy él es el pediatra del maguito, y Severus no sabe que cada vez que vamos al consultorio, vuelvo a sentir electricidad por todo mi cuerpo. "
Me había olvidado que existía, pero revisando mi bandeja de entrada lo releí, es parte de un mensaje mucho más grande. Ahora que lo releo no sé si sentirme jodida o aliviada :roll:.
sábado, 28 de febrero de 2009
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1 comentario:
que jodido
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